miércoles, 13 de octubre de 2021

El falso caleidoscopio

Cuando el discurso va haciendo quiebros, degenera fácilmente en ampuloso y tiende a crear múltiples recovecos verbales. Normalmente sirven estos de madriguera a simplezas, pero son presentados por el ponente como origen de una visión poliédrica sobre algo sustancial, en la que, según viene a decir, se dejan ver aristas sumamente interesantes y agudas. Con ellas bien afiladas presume de diseccionar la realidad en vivo. A todo esto habla sin parar, siempre zigzagueando, siempre con mucho escrúpulo y falso tino, como quien tira de escalpelo para mostrar el meollo final, hasta que la realidad, exhausta, pierde entre sus abundantes palabras el pulso y, en definitiva, cualquier sentido.

martes, 12 de octubre de 2021

Libertad: demasiadas mayúsculas

Leo en una entrevista al filósofo germanocoreano Byung-Chul Han lo siguiente: «Solo un régimen represivo provoca la resistencia. Por el contrario, el régimen neoliberal, que no oprime la libertad, sino que la explota, no se enfrenta a ninguna resistencia. No es represor, sino seductor. La dominación se hace completa en el momento en que se presenta como la libertad». La cursiva me permite señalar una conclusión bastante significativa por lo que tiene de actual. Cuando escuchamos en boca de ciertos políticos lemas como «Comunismo o libertad», «Tribalismo o libertad», «Libertinaje o libertad», entendemos claramente que la libertad se ha convertido en un concepto de uso reversible. Esas oposiciones, o dicotomías, constituyen un ejercicio de apropiación de ese opuesto óptimo. A fuerza de presentarla en oposición, la libertad surge como un baluarte intelectual desde el que se gana ventaja para la defensa lo propio, pero siempre en desprecio de cualquier ilusión compartida. Nadie niega legitimidad a la defensa de lo propio, donde puede haber más discusión es en la acaparación de recursos necesaria para dar expresión social a lo propio. El filósofo apunta con acierto a la seducción personal como modeladora y a la vez vehículo de esa concepción de libertad donde encuentra realce lo propio. La seducción, tal y como la vamos conociendo, va dando forma, en nombre de la libertad, a ilusiones individuales, que, cuando no conducen a la dominación de los demás, suelen ser adocenadas, casi miméticas y socialmente irresolubles. Esto le lleva a concluir en La expulsión de lo distinto, otro de sus ensayos: «El neoliberalismo es cualquier cosa menos el punto final de la Ilustración [..] La libertad de la que hace gala el neoliberalismo es propaganda. Lo global acapara hoy para sí incluso valores universales». Lo cierto es que, a través de los medios, favorecida por las corporaciones y secundada por los gobiernos que ven en el bienestar económico su único programa, su idea de libertad está encontrando un altavoz mayúsculo. Además, gracias al aura que envuelve a la libertad desde los tiempos de la Ilustración, aura conseguida no sin grandes sacrificios y sangrientas revoluciones, la libertad aún sirve como atractivo imán, pues es vista con razón como el valor supremo, aquél con el que cobra sentido la dignidad personal. Sin embargo, esa dignidad, que sirvió en su día de santo y seña y condujo a la declaración de los derechos humanos, pierde prácticamente su sentido si no es compartida en un régimen social de igualdad. Ahora bien, no es ése el régimen que los neoliberales proponen. Lo que proclaman, obviando el paso por la dignidad, es que la libertad es fuente de beneficio personal, e indirectamente social, para quien explota eficazmente su individualidad, y eso aunque su libertad y su beneficio se vean aupados gracias a un entorno absolutamente indigno. El individualista llama a esa actitud, teñida de beneficioso narcisismo, una conducta liberal. Pero hablar de conducta liberal sin definir qué libertad se defiende es como no decir nada. Con la idea de liberalidad que hoy circula, tan vinculada a la de libertad individual, se propugna una línea de conducta cuyos efectos sociales son muy dispares. Podría decirse que, mientras con la mano derecha se actúa sin miramiento y se practica la agresión, con la izquierda se exhibe la importancia de saber poner la cataplasma. No es posible presentar actitudes tan contrarias como una conducta coherente, así que no creo que exista esa conducta liberal. Además de sumir a la libertad en la contradicción, otro rasgo de esa liberalidad, en el que se ve claro su propósito seductor, es que intenta venderse como transigencia, cuando es también, y a veces sobre todo, desentendimiento. En su nombre se admite, por ejemplo, la diversidad cuando realmente ésta se divisa desde un sitial social apenas accesible, cuando nada compromete esa posición. A la aversión casi metódica al compromiso se le llama ahí «escrupuloso respeto», por entenderse que cada cual debe servirse de sus propios recursos, de aquellos de los que es poseedor para llevar adelante sus propias fantasías. El liberal cree que la secuencia fantasía, proyecto, financiación, recompensa rige de igual modo para todos y que estos ejes, además de favorecer la realización personal, sirven para que la sociedad sea más justa y democrática. No niego el progreso, pero no creo que esa vía de desarrollo personal esté realmente al alcance de todos. Por eso no creo mucho en esa clase de liberalidad y me infunden serias sospechas las declaraciones de los neoliberales actuales. En resumen, pienso que antes que la capacidad de seducir para acabar proyectándose sobre los demás está la de pensar en la suerte de todos ellos. Es  esta última capacidad, tan necesaria, la que personal y colectivamente nos puede hacer libres. 

lunes, 11 de octubre de 2021

Al regresar del mar

Si te las das de profundo, no nos digas luego que tú sólo navegas.

La sensación

La sensación nos dice que avanzamos, pero no dice hacia dónde. La sensación nos acompaña más allá, pero nos obliga a ir solos. La sensación nos sorprende extraviados, pero no nos señala destinos. La sensación crece mientras despertamos, pero disuelve los horizontes. La sensación nos sirve de tónico, pero nos hace demasiado absorbentes. La sensación rehúye los finales, pero por el camino nos posee.

domingo, 10 de octubre de 2021

El rango astral

Cumplir años no es desde luego cumplir una obligación, es simplemente dar por cerrado el ciclo anual y entrar en otro nuevo. En el caso de los años el cumplimiento nos es ajeno, porque no se trata de un ejercicio voluntario. En realidad no es cosa nuestra, es asunto de los astros, quizá el único asunto suyo que verdaderamente incide en nuestra vida de forma clara y podría decirse también que bien contundente. Sin embargo, nos hace ilusión creer que desde aquí abajo gobernamos nuestra edad, que los años tienen un valor menos cronométrico del que parece y que el interés astral, o sea esa disposición de los astros a tutelar nuestra órbita, acelera o decelera la velocidad con la que acabamos por cumplir nuestros ciclos. Y así, aunque la realidad del calendario diga que tenemos x años, si los astros nos son favorables, puede que nos sintamos como con x-20, mientras que, si estos nos son funestos, podríamos estar soportando ya los x+20. Vale, pues, el dicho que dice «de ilusión también se vive». Y añado «o se malvive».

sábado, 9 de octubre de 2021

Cultura y estilo de vida

Hay combinaciones que resultan extrañas. Viene a cuento del título otorgado por un periódico importante a una de sus secciones. «Cultura y estilo de vida», dice. No sé, no estoy seguro de que la cultura guíe nuestra vida, a menos que la convirtamos en algo mucho más ligero, casi delicuescente, como el estilo. Olvidémonos de las artes, que hasta hace no mucho servían de patrón cultural, y del viejo y tonto afán de descubrir entre las formas la belleza, y admitamos a continuación que la belleza es algo mucho más cotidiano, que está a pie de calle, algo que podemos crear sin más que inventarnos un estilo propio o al menos creer que también es nuestro el que vemos impuesto por doquier. Puede que ese estilo de cultura sea cambiante y que proponga una belleza, pero probablemente nunca será compartida ni universal. Quienes poseen un estilo creen ver en él una cultura, que no dudan en sentir como suya hasta convertirla en muestra de su personalidad. Sin embargo, esa muestra, casi siempre borrosa, es más bien prueba de que su poseedor se ha adentrado en un proceso disolvente, carente de referencias formales, y de que se ha dejado llevar a una cultura homogénea, de formas tan abusivamente reproducidas que además resulta estéril. Creyendo ser diferente, acaba por dejarse ver y comportarse como uno más. Su estilo resiste intacto, pero navega, sin él saberlo, a donde lo lleva la corriente cultural general

viernes, 8 de octubre de 2021

Terror y sosiego

Ha cambiado bastante Roncesvalles desde los tiempos en que acampábamos de chavales a orillas de la regata Arrañosín en el paraje de Soroluzea. El bosque que entonces nos rodeaba y por el que nos internábamos sin temor y sin mucho tiento era como de cuento, con cabañas misteriosas, carboneras humeantes, personajes truculentos y algún que otro animal despistado. Estaba lejos de saber que aquel llano pudo ser el escenario de batallas memorables, que junto a la regata discurría el iter XXXIV de Antonino que se dirigía al poblado romano de Turissa y de que poco más allá, por el siguiente barranco, que descendía de Ortzanzurieta, bajaban las aguas de la regata Basajaunberro. No nos imaginábamos entonces que nuestras tiendas de campaña tal vez estuvieran acogidas a la protección del señor del bosque, del mítico Basajaun. No obstante, tuvimos, hasta donde recuerdo, algunos momentos de crisis, por no decir de pánico, en concreto cuando una noche una tormenta veraniega descargó una lluvia torrencial acompañada de tremendo aparato eléctrico. Acurrucados y con el agua corriendo a mares por el suelo de la tienda, sin poder dormir, nos encomendamos, viendo la fragilidad de nuestro refugio, a todos los dioses que tan irritados campaban por allá arriba. Con nuestra imaginación desatada, aquel día vimos vagar por las alturas figuras sombrías, oímos pasar reatas de caballos a la fuga y sobre todo miramos sobrecogidos, como si nos asomáramos al fin del mundo, el terrible escenario que iluminaban entre los árboles los relámpagos. El bosque es temible en estas circunstancias, la naturaleza parece despertar, pero rugiendo con toda su furia. Sumidos en la oscuridad nos sentimos aún más impotentes y, como nos sabemos observados, más vulnerables. Todo lo que tiene de apacible, de sosegante y de maravilloso se convierte, a esas horas de madrugada y en medio de la disputa a la que parecen entregados los meteoros, en una experiencia terrible, inolvidable muchos años después.
En la explanada, detrás de la colegiata, han acondicionado un gran aparcamiento. Cruzando la regata cercana se toma el viejo camino de Orbaitzeta que en su primer tramo coincide con el camino por el que bajan los peregrinos tras cruzar el Pirineo por Lepoeder. Nosotros íbamos hacia el Este, mientras que ellos ya casi llegaban desde el Norte a su fin de etapa. Se trata de un ancho camino por el que transitan, según vimos, vehículos. En general, son ganaderos que circulan para controlar a sus caballos y vacas, que pastan tranquilamente más allá, en los prados de Nabala. Tras separarnos del camino de Santiago, fueron pocos los transeúntes con los que nos cruzamos. El hayedo es bastante cerrado en un principio, luego los barrancos obligan al camino a describir agudos recodos antes de abrirse a amplias laderas herbosas. En general el haya es dominante, pero también queda algún roble de tremendo porte, si hay que juzgar por el único que vimos. De todos modos parecen haber desaparecido, probablemente después de haber abastecido durante siglos a los carpinteros y ebanistas de la zona. El día era inmejorable para ver en todo su esplendor la otoñada con el despliegue de colores que la acompaña. Quizá una semana más y la paleta hubiera sido aún más completa y perfecta, pero estaba casi en su zénit. El sotobosque es aquí bastante intrincado y denso, con abundante avellano, acebo y algunas mimbreras junto a los cursos de agua. De los acebos vimos ejemplares cargados de sus vistosos frutos rojos. A su lado competían los espinos con los suyos. En las zonas más soleadas, entre los árboles, junto al camino, ponía otra nota de color la amplia profusión de merenderas violáceas. A diferencia de lo que me sucedía hace años, cuando íbamos directos a ganar las alturas para regalarnos vistas, encuentro especial placer en caminar sin agobios, descubriendo cosas nuevas y deteniéndome ante ejemplares y especies que antes me traían sin cuidado. No voy con ánimo catalogador, ni mucho menos. Me basta con poder dar nombre y conocer las características de lo que en ese momento me rodea. Por mucho que parezca que todos los años lo que nos rodea es lo mismo, a base de descubrimientos tiene uno la impresión de que lo que está viendo es irrepetible, de que capta un momento único con ver lo que nos ofrece una delicada flor, un tronco rugoso o un potrillo trotón. El paseo es de este modo mucho más animado, porque no tiene uno un objetivo concreto, no se trata de alcanzar una panorámica o de dominar un espacio, sino de estar a lo que aparece, a lo que la naturaleza humildemente muestra.